Cuando el “entrenamiento funcional” deja de ser un eslogan
El entrenamiento funcional es probablemente uno de los términos más utilizados -y menos comprendidos- en el entrenamiento moderno.
En los últimos años se ha convertido en un contenedor indefinido: ejercicios espectaculares, superficies inestables, circuitos de alta intensidad, a menudo sin una verdadera lógica de progresión.
Precisamente de esta ambigüedad partió el discurso de Tiago Proença en la Cumbre StrongFirst de Fuerza 2026 en Cesena.
Su objetivo no era proponer otra variante “funcional”, sino abordar una cuestión mucho más concreta:
cómo transformar una vaga idea de formación en un sistema estructurado, enseñable y progresivo.
De la formación funcional como etiqueta a la formación funcional como sistema
El núcleo de la intervención se resume en una frase clara:
“El Sistema BASE se creó para llevar a nuestros alumnos desde el nivel principiante al avanzado de una forma sencilla, práctica y organizada”.”
No se trata de inventar nuevos ejercicios.
Se trata de construir una gramática de la formación, capaz de guiar al alumno a lo largo del tiempo.
En esta perspectiva, lo “funcional” deja de ser una estética o una moda para convertirse en un sistema educativo.
Es una visión en perfecta consonancia con la cultura StrongFirst y la filosofía SIDEA:
menos aleatoriedad, más estructura;
menos variedad porque sí, más progresión.
BASE: cuatro principios, una estructura clara
El modelo propuesto por Proença se basa en cuatro principios fundamentales:
- B - Base de formación fuera de máquinas
La construcción de fuerzas parte de contextos libres, no constreñidos por máquinas. - A - Análisis del movimiento funcional basado en ejercicios multiarticulares
El movimiento se analiza mediante ejercicios multiarticulares. - S - Sinergia de fuerza centrada en ejercicios multiarticulares
La fuerza es una sinergia entre segmentos, no la suma de músculos aislados. - E - Evolución a través de patrones de movimiento
La progresión se produce a través de la evolución del patrón, no sólo aumentando la carga.
Este último punto es probablemente el más relevante:
la calidad del movimiento se convierte en el verdadero motor de la progresión.
De principiante a avanzado: las ETS
El sistema organiza el itinerario a través de las Etapas de Desarrollo de la Formación (EDE) :
- Etapa 1 - Escuela de fuerza
Fase educativa, orientada al aprendizaje de patrones - Etapa 2 - Transición
Consolidación de los fundamentos e introducción de pruebas intermedias (8-15 RM) - Fase 3 - Avanzada
Trabajo de fuerza específico (1-6 RM) y programación avanzada
La clasificación no sólo se basa en la fuerza, sino también en:
- experiencia
- preferencias
- grado de compromiso
Este es un aspecto clave:
no todos los alumnos evolucionan de la misma manera, y no todos están preparados para el mismo tipo de carga o complejidad.
El calentamiento como sistema, no como ritual
Uno de los pasajes más interesantes se refiere a la calefacción.
En el Sistema BASE, el calentamiento no es una fase genérica, sino una estructura organizada en torno a funciones articulares específicas:
- movilidad glenohumeral
- estabilidad escapular
- movilidad torácica
- estabilidad lumbar (delantera y trasera)
- movilidad de la cadera
- estabilidad de la rodilla
- movilidad del tobillo
- ejercicios integrados
El resultado es una auténtica red de toma de decisiones:
ya no se trata de “calentarse”,
sino para preparar el cuerpo para la sesión.
Este enfoque hace que el calentamiento:
- reproducible
- modular
- coherente con la obra principal
Patrones de movimiento: la verdadera unidad del entrenamiento
El sistema se basa en una clasificación de 16 patrones de movimiento, más 3 patrones antimovimiento para el núcleo. .
Entre ellas figuran:
- empujar y tirar (horizontal y vertical)
- dominancia de rodilla y cadera (simétrica, asimétrica, unilateral)
- movimientos de columna
- estabilizaciones del núcleo (antiextensión, antirrotación, antiflexión lateral)
Este enfoque cambia radicalmente la forma de programar.
Ya no razonamos por ejercicios, sino por familias de movimiento.
La ventaja es doble:
- evita la programación aleatoria
- permite progresiones más precisas y coherentes
De lo simple a lo complejo: la lógica de la progresión
Un ejemplo muy claro presentado durante la intervención es la progresión del peso muerto:
- kettlebell deadlift
- peso muerto con barra
- peso muerto convencional
El principio es simple, pero fundamental:
complejidad no se prevé, se construye.
Pasar de ejercicios más accesibles y autoorganizados
a variantes que requieren mayor control y tolerancia a la carga.
No se trata sólo de un aumento de la intensidad.
Es un aumento de la competencia.
Análisis crítico: qué hace interesante al Sistema BASE
El principal valor del modelo no es la originalidad absoluta.
Muchos de sus elementos -patrones, progresiones, trabajo multiarticular- ya están presentes en otros sistemas de entrenamiento.
La cuestión es otra:
el Sistema BASE organiza lo que a menudo se aplica de forma desordenada.
En este sentido:
- no inventa ejercicios
- no introduce conceptos completamente nuevos
- pero proporciona una estructura operativa clara
Y esto, en la práctica diaria, marca la diferencia.
Implicaciones prácticas para técnicos y entrenadores
De la intervención se desprenden algunas indicaciones concretas:
- el entrenamiento funcional sólo es útil si se convierte en una progresión, no en una etiqueta
- el calentamiento puede ser una herramienta técnica, no una rutina automática
- los patrones multiarticulares representan una verdadera escuela de movimiento
- el acceso al trabajo avanzado debe construirse, no anticiparse
En resumen:
Sin una estructura, hasta el mejor ejercicio pierde su sentido.
Conclusión
La intervención de Tiago Proença devolvió el entrenamiento funcional a un terreno más concreto: el de la estructura.
El Sistema BASE no propone una versión alternativa de la fuerza,
sino una forma más ordenada de enseñarlo.
Para quienes trabajan en el gimnasio, el mensaje es claro:
no es la elección del ejercicio lo que marca la diferencia,
sino la capacidad de encajarlo en una progresión coherente.
Y es precisamente aquí donde muchos sistemas fallan -
no por falta de ideas, sino de estructura.
El objetivo es poner orden en el caos.

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