Cuando la fuerza se convierte en rendimiento: la aportación del Dr. Mauro Franzetti a la Summit of Strength
El 1 de febrero de 2026, Cesena acogió el Summit of Strength, un evento de StrongFirst patrocinado por SIDEA, dedicado a la cultura de la fuerza, la preparación física y la divulgación científica aplicada al movimiento.
Entre las ponencias más destacadas de la jornada, destacó la del Dr. Mauro Franzetti, PhD, preparador físico profesional y miembro de StrongFirst Elite, quien abordó un tema fundamental para quienes trabajan en el deporte moderno: el papel de la fuerza máxima en los deportes de equipo, con especial referencia al fútbol.
Un tema aparentemente técnico, pero que en realidad resulta fundamental para comprender cómo se construye el rendimiento deportivo actual. Porque hoy en día hablar de fuerza ya no significa hablar únicamente de barras, cargas elevadas o pruebas de máximo. Significa hablar de aceleraciones, frenadas, cambios de dirección, prevención de lesiones, capacidad para repetir esfuerzos intensos y calidad del movimiento.
En otras palabras, significa hablar de lo que realmente ocurre en el campo.
El fútbol moderno ha cambiado: más intensidad, más velocidad y mayores exigencias físicas
Uno de los puntos de partida de la intervención del Dr. Franzetti fue el cambio en el modelo de rendimiento del fútbol.
En comparación con los años setenta y ochenta, el fútbol actual exige a los deportistas mayores volúmenes de carrera, pero sobre todo un mayor número de acciones de alta intensidad. No solo importa “cuánto” se corre, sino cómo se corre: acelerando, frenando, cambiando de dirección, reanudando la carrera, plantando cara al rival y manteniendo la lucidez técnica en situaciones de esfuerzo.
Este aspecto es fundamental también para el público no especializado: un futbolista moderno no es simplemente un atleta con resistencia. Es un atleta que debe generar fuerza en tiempos muy breves, dirigirla en la dirección correcta y controlarla en situaciones impredecibles.
El partido no es una carrera continua. Es una sucesión de acciones intermitentes, explosivas y multidireccionales. Y en este contexto, la fuerza máxima se convierte en una base física decisiva.
La fuerza máxima no sirve solo para “levantar más peso”
En el lenguaje coloquial, la fuerza máxima suele asociarse a la capacidad de levantar una carga muy pesada una sola vez. Es una definición correcta, pero parcial.
En el ámbito de los deportes de equipo, la fuerza máxima constituye una especie de “motor” general. Cuanta más fuerza sea capaz de generar un deportista, mayor será el potencial del que dispondrá para desarrollar potencia, velocidad, estabilidad y control.
Esto no significa que todos los futbolistas deban entrenar como levantadores de pesas. Significa, más bien, que un desarrollo adecuado de la fuerza permite al deportista afrontar mejor las exigencias del partido: acelerar con mayor eficacia, resistir los choques, frenar con más control, reducir el gasto energético de ciertas acciones y soportar mejor las cargas de la temporada.
La fuerza, por lo tanto, no es un fin en sí misma. Es una herramienta al servicio del rendimiento.
Aceleración y desaceleración: el corazón invisible del rendimiento
Uno de los temas más interesantes de la ponencia fue el papel de las aceleraciones y las desaceleraciones.
Cuando se habla de velocidad en el fútbol, la atención suele centrarse en el sprint. Pero el juego real también —y sobre todo— se basa en las frenadas. Cada cambio de dirección, cada marcaje, cada desmarque, cada presión y cada contraataque requieren la capacidad de acelerar y luego desacelerar de forma rápida y eficaz.
La desaceleración es un movimiento muy exigente desde el punto de vista muscular, tendinoso y articular. Frenar significa absorber fuerza. Significa controlar el cuerpo mientras la inercia lo empuja en una dirección y el juego exige ir en otra.
Por eso, el Dr. Franzetti ha prestado especial atención al entrenamiento de la frenada, la carga excéntrica, el control del apoyo y la capacidad de gestionar las fuerzas horizontales. No basta con ser fuerte “al empujar”: también hay que ser fuerte a la hora de frenar.
Y es precisamente aquí donde el entrenamiento físico moderno se une a la prevención. Un deportista que sabe desacelerar mejor no solo rinde más, sino que también está potencialmente más protegido frente a las sobrecargas y las situaciones de alto riesgo, sobre todo para las rodillas, los isquiotibiales y las estructuras implicadas en los cambios de dirección.
¿Vector vertical u horizontal? La respuesta está en el contexto
Otro punto clave de la ponencia se centró en una cuestión muy debatida en el ámbito del entrenamiento de fuerza y acondicionamiento: para mejorar el rendimiento deportivo, ¿es mejor realizar ejercicios con vector vertical, como las sentadillas y los saltos verticales, o ejercicios con vector horizontal, como las empujadas, los sprints con resistencia y las hip thrusts?
La respuesta más útil, como suele ocurrir en la ciencia del entrenamiento, no es rígida.
El Dr. Franzetti ha destacado que la elección de los ejercicios debe tener en cuenta la especificidad del movimiento, pero sin caer en el error de imitar superficialmente el deporte. Entrenar la fuerza no significa copiar el partido en el gimnasio. Significa desarrollar cualidades físicas que se puedan trasladar al campo.
Por eso, un programa eficaz puede incluir tanto ejercicios de dominante vertical como ejercicios de dominante horizontal. Las sentadillas, el peso muerto, los saltos, los ejercicios de empuje, las frenadas y las aceleraciones no son herramientas que compitan entre sí: son elementos distintos de una misma estructura.
La pregunta no es “¿qué ejercicio es el mejor en absoluto?”, sino “¿qué ejercicio es útil para este deportista, en este momento y con este objetivo?”.
Entrenamiento combinado: ¿pueden combinarse la fuerza y la resistencia?
En los deportes de equipo, la fuerza nunca se entrena en un entorno ideal. El deportista también tiene que correr, realizar ejercicios metabólicos, entrenar la táctica, recuperarse, viajar, disputar partidos muy seguidos y gestionar el cansancio.
De ahí surge el tema del entrenamiento combinado, es decir, la combinación del entrenamiento de fuerza con el entrenamiento aeróbico o metabólico.
El riesgo, cuando la programación es desordenada, es el denominado «efecto de interferencia»: un estímulo puede reducir la adaptación que produce el otro. Pero esto no significa que la fuerza y la resistencia sean incompatibles. Significa que deben programarse con criterio.
El mensaje es muy práctico: en los deportes de equipo no basta con saber qué ejercicios proponer. Hay que saber cuándo proponerlos, con qué intensidad, con qué volumen y a qué distancia de otros estímulos de entrenamiento.
La planificación se convierte, por tanto, en una competencia fundamental. No es un simple detalle organizativo: forma parte integrante del resultado.
Bilateral y unilateral: no es una elección, sino una integración
Otro tema que aborda el Dr. Franzetti es la relación entre los ejercicios bilaterales y los unilaterales.
Los ejercicios bilaterales, como las sentadillas y el peso muerto, suelen permitir desarrollar altos niveles de fuerza general. Por su parte, los ejercicios unilaterales, como las zancadas, las sentadillas divididas y las variantes sobre un solo pie, plantean importantes exigencias en cuanto a estabilidad, control, coordinación y gestión de las asimetrías.
En los deportes de equipo, en los que la mayor parte de las acciones se desarrollan con apoyo alternativo, en torsión o en condiciones de equilibrio dinámico, el entrenamiento unilateral adquiere una importancia fundamental. Sin embargo, esto no resta valor a los ejercicios bilaterales.
La conclusión que se propone es clara: un programa bien estructurado debería incluir ambos aspectos. La fuerza general y la fuerza específica no deben considerarse como dos mundos separados, sino como distintos niveles de un mismo proceso.
Amplitud de movimiento y ángulos específicos: hay que entrenar el cuerpo, no solo “colocarlo”
El debate sobre los ángulos específicos es otro tema muy presente en la preparación física.
¿Es mejor entrenar en ángulos similares a los del movimiento deportivo o utilizar amplitudes de movimiento más completas?
En este caso tampoco se trata de una respuesta ideológica. El entrenamiento debe respetar el principio de especificidad, pero sin renunciar al desarrollo integral de las cualidades físicas. Un rango de movimiento adecuado puede contribuir al desarrollo de la fuerza, la masa muscular, la movilidad activa y la capacidad de los tejidos para tolerar el estrés en diferentes posiciones.
Para el deportista, esto significa disponer de más recursos motores. Y en el deporte real, donde las situaciones nunca son totalmente predecibles, disponer de más recursos suele significar moverse mejor.
Planificar una temporada: la fuerza como habilidad
La parte final de la ponencia abordó el tema desde un punto de vista muy concreto: cómo planificar el entrenamiento de fuerza durante una temporada deportiva.
El Dr. Franzetti ha mostrado ejemplos de organización anual, distinguiendo entre la fase de pretemporada, el periodo competitivo y las fases posteriores de la temporada. El objetivo no es entrenar todo todo el tiempo, sino distribuir los estímulos de forma inteligente.
En la fase inicial se desarrolla la técnica, se consolidan los patrones motores, se establecen referencias de carga y se prepara al deportista para soportar intensidades más elevadas. Durante la temporada, en cambio, hay que mantener y desarrollar la fuerza sin comprometer el estado físico, la disponibilidad para el partido y la recuperación.
Uno de los conceptos más interesantes es el de la fuerza como habilidad. La fuerza no es solo una cualidad muscular: es una competencia neuromuscular. Hay que aprenderla, perfeccionarla, mantenerla e integrarla en el movimiento.
Este enfoque supera la antigua visión centrada en los músculos y lleva la preparación física hacia una perspectiva más moderna: la fuerza no está separada de la coordinación, la técnica y el control motor. Forma parte de la forma en que el deportista resuelve los problemas del juego.
La filosofía de SIDEA: equipamiento, cultura y ciencia del movimiento
El valor de un evento como el Summit of Strength no se limita a una sola jornada formativa. Su importancia radica en la orientación cultural que marca.
Para SIDEA, patrocinar iniciativas de este nivel significa promover una visión del entrenamiento basada en la competencia, el método y la responsabilidad. El equipamiento nunca es solo un objeto: es una herramienta a través de la cual los entrenadores, preparadores físicos, fisioterapeutas y deportistas logran un movimiento de calidad.
La filosofía de SIDEA surge precisamente de aquí: Move Smarter, Get Stronger, Live Better.
Entrenar mejor no significa simplemente hacer más. Significa comprender por qué se toma una decisión concreta, qué adaptación se quiere conseguir y cómo esa adaptación puede mejorar el rendimiento, la salud y la calidad del movimiento.
En este sentido, SIDEA no se limita a ofrecer soluciones para gimnasios, centros deportivos, estudios funcionales e instalaciones profesionales. SIDEA se compromete a contribuir a la difusión de una cultura del entrenamiento más consciente, en la que la ciencia no se queda encerrada en los laboratorios, sino que se convierte en un lenguaje práctico para quienes trabajan cada día sobre el terreno.
Del campo al gimnasio: el puente entre la investigación y la práctica
La intervención del Dr. Mauro Franzetti ha puesto de manifiesto con claridad lo importante que es tender un puente entre la investigación científica y la aplicación práctica.
La ciencia del entrenamiento no debe convertirse en una complicación en sí misma. Debe ayudar a tomar mejores decisiones: seleccionar los ejercicios, dosificar las cargas, respetar los tiempos de recuperación, interpretar las necesidades del deportista y adaptar la programación al calendario de competiciones.
Al mismo tiempo, la práctica no puede basarse únicamente en la intuición o en la experiencia personal. La experiencia es fundamental, pero cobra aún más fuerza cuando se guía por los datos, la literatura científica y una visión metodológica coherente.
Es precisamente en este ámbito donde eventos como el Summit of Strength cobran un gran valor: son lugares en los que profesionales de distintos ámbitos pueden intercambiar opiniones, ponerse al día y crear un lenguaje común.
Conclusión: la fuerza como cultura, no como moda
La intervención del Dr. Franzetti en el Summit of Strength de Cesena ha reiterado un concepto fundamental: en los deportes de equipo, la fuerza máxima no es algo secundario. Es la base sobre la que se construyen la aceleración, la desaceleración, la potencia, el control, la resistencia y la continuidad del rendimiento.
Pero para que la fuerza resulte realmente útil, debe entrenarse de forma metódica. Debe integrarse en un programa de entrenamiento inteligente. Debe estar en consonancia con la técnica, con el modelo de rendimiento, con la prevención y con las necesidades reales de la temporada.
Este es el mensaje que SIDEA defiende a través de su compromiso con la divulgación de la ciencia del movimiento: hacer que el entrenamiento sea más consciente, más eficaz y más acorde con las necesidades reales de los deportistas, los entrenadores y las instalaciones profesionales.
Porque la fuerza no es solo una cualidad física.
Es una cultura.
Y de esta cultura surge una forma más inteligente de entrenar, de hacerse más fuerte y de vivir mejor.
Preguntas frecuentes
¿Para qué sirve la fuerza máxima en los deportes de equipo?
La fuerza máxima constituye una base física fundamental para desarrollar potencia, aceleración, estabilidad, capacidad de resistencia y control en las desaceleraciones. No solo sirve para levantar cargas pesadas, sino también para mejorar la calidad general del rendimiento deportivo.
¿Por qué es tan importante la desaceleración en el fútbol?
La desaceleración permite al deportista frenar, cambiar de dirección, reaccionar ante los rivales y controlar su cuerpo en situaciones de alta intensidad. Es una capacidad decisiva tanto para el rendimiento como para la prevención de lesiones.
¿Es mejor hacer ejercicios bilaterales o unilaterales?
En los deportes de equipo, es útil combinar ambos. Los ejercicios bilaterales ayudan a desarrollar altos niveles de fuerza general, mientras que los unilaterales mejoran el control, la estabilidad, la coordinación y la gestión de las asimetrías.
¿Qué es el entrenamiento concurrente?
El entrenamiento combinado consiste en la combinación del entrenamiento de fuerza con el entrenamiento metabólico o de resistencia. En los deportes de equipo es inevitable, pero debe planificarse con cuidado para evitar interferencias y optimizar las adaptaciones.
¿Cuál es el papel de SIDEA en la divulgación de la ciencia del movimiento?
SIDEA promueve una cultura del entrenamiento basada en el método, la evidencia científica y la aplicación práctica. A través de eventos, contenidos divulgativos y soluciones profesionales para el entrenamiento, SIDEA contribuye a difundir una visión más consciente de la fuerza, el movimiento y la preparación física.
El Dr. Mauro Franzetti presentó en la Summit of Strength 2026, patrocinada por Sidea, el papel de la fuerza máxima en los deportes de equipo. En el fútbol moderno, las aceleraciones, las desaceleraciones y las acciones intermitentes requieren fuerza como base para la potencia, el control y la prevención. El entrenamiento simultáneo, los ejercicios bilaterales y unilaterales y la programación estacional transforman la fuerza en una habilidad neuromuscular transferible al terreno de juego.
Preguntas frecuentes
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En la fase de pretemporada se desarrolla la técnica, se consolidan los patrones motores y se prepara la capacidad de soportar intensidades elevadas. Durante el periodo competitivo, el objetivo pasa a ser mantener y desarrollar la fuerza sin comprometer la frescura y la recuperación. La fuerza debe abordarse como una habilidad neuromuscular que hay que aprender, perfeccionar e integrar en el movimiento, y no solo como una cualidad muscular aislada.
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La desaceleración exige al deportista absorber fuerza mientras la inercia empuja al cuerpo en una dirección y el juego requiere otra. Cada cambio de dirección, marcaje, desmarque o presión implica frenadas que someten a una intensa tensión a músculos, tendones y articulaciones. Entrenar la carga excéntrica y el control del apoyo mejora el rendimiento y reduce el riesgo de lesiones en las rodillas y la parte posterior de los muslos.
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El principal riesgo es el efecto de interferencia: un estímulo de entrenamiento puede reducir la adaptación producida por el otro cuando la fuerza y el trabajo metabólico se combinan sin criterio. En los deportes de equipo, la fuerza y la resistencia están inevitablemente presentes al mismo tiempo, pero deben programarse prestando atención a la intensidad, el volumen, la sincronización y la distancia entre ambos para optimizar las adaptaciones y evitar la sobrecarga.
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La respuesta depende del contexto y del deportista. Las sentadillas y los saltos verticales, los empujes horizontales, los sprints con resistencia y los hip thrust no compiten entre sí: son elementos de una misma estructura. Entrenar la fuerza no significa imitar el deporte en el gimnasio, sino desarrollar cualidades físicas transferibles. Un programa eficaz integra ambos vectores en función del objetivo, la fase y las necesidades individuales.
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Los ejercicios bilaterales, como las sentadillas y el peso muerto, desarrollan altos niveles de fuerza general. Los ejercicios unilaterales, como las zancadas y las sentadillas asimétricas, aportan estabilidad, control, coordinación y gestión de las asimetrías. En el fútbol, donde la mayor parte de las acciones se realizan con apoyo alternativo o en equilibrio dinámico, el entrenamiento unilateral es esencial. La fuerza general y la específica son niveles complementarios del mismo proceso.
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Significa reconocer que la fuerza no es solo una cualidad muscular, sino una competencia neuromuscular. Hay que aprenderla, perfeccionarla, mantenerla e integrarla en el movimiento. Esto va más allá de la visión centrada en los músculos y lleva la preparación hacia una perspectiva moderna: la fuerza, la coordinación, la técnica y el control motor interactúan constantemente. El deportista utiliza la fuerza para resolver problemas reales del juego, no para levantar cargas aisladas.
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Un deportista más fuerte tolera mejor las cargas de la temporada, absorbe y controla mejor las desaceleraciones, resiste los choques y gestiona con mayor eficacia las acciones intermitentes de alta intensidad. El entrenamiento de la carga excéntrica, del control del apoyo y de la capacidad de frenado protege estructuras como las rodillas y los isquiotibiales. La fuerza no es solo rendimiento: es prevención integrada en el movimiento.
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El Dr. Mauro Franzetti, PhD, preparador físico y miembro de StrongFirst Elite, ha explicado el papel de la fuerza máxima en los deportes de equipo, centrándose en el fútbol moderno. Ha abordado temas como las aceleraciones, las desaceleraciones, el entrenamiento simultáneo, los vectores de fuerza, la programación estacional y la integración bilateral-unilateral. La ponencia tendió un puente entre la investigación científica y la aplicación práctica, mostrando cómo la fuerza se traduce en rendimiento real sobre el terreno de juego.
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